Autora: Martha Alicia Lombardelli.
Este análisis nos introduce en el pensamiento de Rodolfo Kusch acerca de la relación entre lengua y cultura
Reflexión sobre el sentido
El filósofo Rodolfo Kusch pone así de manifiesto la imposibilidad de captar el sentido de un ritual, un comportamiento u objeto cultural, sólo desde el enfoque de una ciencia. Suponer que el objeto de conocimiento devela su sentido ante la limitada mirada de la ciencia es una utopía.
En la medida en que no nos hagamos cargo del sentido que habita la lengua, podríamos predecir -desde el análisis meramente científico-, la extinción de una lengua determinada. Por ejemplo el caso de la lengua quechua, y aimará. Pero lo que Kusch afirma es que el sentido no se reduce a la lengua. Por eso afirma que cuando hablamos siempre decimos más o menos de lo que decimos.
A pesar de que la comparación entre ambos filósofos puede ser considerado como una osadía, pienso que las miradas de ambos pensadores –cuya procedencia es tan distante- nos pueden aportar elementos valiosos de análisis. Comparemos lo que dice Rodolfo Kusch, filósofo argentino, con lo que afirma Martín Heidegger a quien todos conocemos:
“En efecto, las palabras y el lenguaje no son, en absoluto,
cápsulas en que las cosas se empaquetan para el comercio
del que habla y escribe. Para nosotros, las cosas sólo llegan
a ser y son en la palabra, en el lenguaje”. [1]
Se destaca en este texto de Heidegger la importancia del lenguaje porque es en él donde habita el ser. Las palabras, los nombres, no son meras etiquetas con que rotulamos el mundo que nos rodea. El sentido que tiene para una cultura su mundo impregna el lenguaje pero no se reduce a él. El sentido remite a una estrategia política que responde a un determinado estar. El estar en la filosofía de Kusch nos remite a aquello que nos viene dado, aquello con lo que nos encontramos cuando emergemos a la cultura. Es nuestra tradición y el sentido con que se vive lo que realmente pesa en ella para los que comparten una determinada cultura.
Ernst Cassirer denominaba pregnancia simbólica a la impotencia constitutiva que condena al pensamiento a no poder jamás intuir una cosa “objetivamente” sin integrarla de modo inmediato en un sentido.[2] Observaba Cassirer que esa impotencia es el reverso de un inmenso poder: el de la presencia del sentido.
Las cosas son símbolos en tanto sólo conservan la coherencia de la percepción, de la conceptualización, del juicio o del razonamiento mediante el sentido que las impregna.
ARTE- REPRESENTACIÓN ARTÍSTICA:
Y, si relacionamos el significado del término sentido, específicamente con el arte, podemos agregar que también la coherencia de la representación artística nace del sentido que la impregna.
Relacionamos entonces:
LENGUA - SIMBOLO - SENTIDO - COHERENCIA DE PERCEPCIÓN, CONCEPTUALIZACION Y REPRESENTACIÓN
a) Diferenciamos entre sentido y significado
Para hacerlo, debemos distinguir: fin, estructura y valor:
- Significación: cuando el sentido del objeto (o sea, lo delimitado como tal) es definible
estamos hablando de 'significación'.
El objeto (o sea, lo delimitado como tal) se relaciona con un fin o una estructura.
Objeto relacionado con un fin = SIGNIFICACIÓN
Objeto relacionado con una estructura = SENTIDO: en este caso no es definible;
Cuando se relaciona al objeto ( o sea, lo que delimitamos como tal) con un valor.
OBJETO + VALOR = SENTIDO
El fin de la filosofía, como la religión y el arte, no es alejarse de lo público, de 'lo vulgar' hacia la zona de lo intelectual, lo exquisito, sino buscar en lo común, en lo compartido, en 'lo profano' el sentido de lo cotidiano.
Vemos como siempre aparece la importancia de buscar el sentido.
Detrás del lenguaje está quien lo habla.
El habla se da en un clima existencial.
El habla hace referencia a un sentido que antes de hablar ya conocen aquellos que hablan un determinado lenguaje. Es un sentido compartido que trasciende lo que se dice.
Afirma Kusch: Lo que se dice en un enunciado podría ser distinto a lo factual.
El habla es infundada, no hay un fundamento dado. Se funda en el existente que lo habla. Y éste en la cultura.
Comparemos con lo que dice E. Benveniste:
"Lo que se puede decir, es lo que delimita y organiza lo que se puede pensar.
La lengua proporciona la configuración fundamental de las propiedades reconocidas por el espíritu a las cosas.
Ningún tipo de lengua puede él mismo y por sí mismo ni favorecer ni impedir la actividad del pensamiento. Pero la posibilidad del pensamiento está vinculada a la facultad del lenguaje, pues la lengua es una estructura informada de significación, y pensar es manejar los signos de la lengua."[3]
Volviendo al texto de Kusch:
“Por eso antes de hacer un trabajo lingüístico, a nivel científico, tendría que hacerse una ontología del lenguaje, es decir, una reflexión filosófica sobre el lenguaje mismo.
Se trata de ver a través del lenguaje qué pasa con el hombre que lo habla. Ahí el problema trasciende lo científico y abarca una totalidad”. [4]
El “estar”:
Cuando rastreamos el sentido de una cultura encontramos que en el proceso del habla hay siempre un referente anterior al acontecimiento.
Ese referente tiene que ver con el “estar”, con lo que “es costumbre”, con lo “yecto” que analiza Casalla cuando habla del proyecto.[5]
Autores mencionados:
Benveniste, Émile.
Cassirer, Ernst.
Heidegger, Martín.
Kusch, Rodolfo.
Texto a cargo de la Profesora Martha Lombardelli
[1] (1936) Heidegger, M.: Introducción a la Metafísica. Editorial Nova. Bs.As. 1959.Pág.52.
[2] Cfr. Cassirer, E.,: Le langage et la construction du monde des objets, en Journal de Psychologie normale et pathologique, vol. XXX, 1958. Págs. 18-44.
[3] Benveniste, Émile : Problemas de lingüística general. Editorial siglo XXI. México, 1971. Cap.VI. págs.63 y ss.
[4] Kusch,R.: Geocultura del hombre americano, ed. Fernando García Cambeiro.Buenos Aires,marzo de 1976. Cap. Cultura y Lengua. Pág. 107
[5] Casalla, Mario C: Tecnología y pobreza. Ed. Fraterna. Bs.As. junio 1988. Cap. La fábula del "banquete tecnológico". Pág. 89
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