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Arte y moda de la mano

Arte fashion

Y en la apertura de la muestra Rock on Mars, cuando en la galería Dietch – pleno Soho neoyorquino–, ya no entraba ni un alfiler, entonces, irrumpió Marc Jacobs. El director creativo de Louis Vuitton posó, sonriente, delante de la mítica pintura de Iggy Pop crucificado y de las paredes repletas de los graffiti flúo con los que el artista Stephen Sprouse revolucionó el diseño de las últimas décadas. Así, encolumnados detrás de una acción llamada We love Sprouse, comenzó el año 2009 para Jacobs y su marca, porque después de la exhibición, vino el lanzamiento de un libro sobre el artista también sponsoreado por Vuitton. Ya en 2000, la dupla Sprouse & Marc Jacobs (recién llegado a la empresa) había intervenido por primera vez sobre la estética de LV al reescribir con estilo graffitero el hasta entonces intocable monograma. La alianza entre la marca y el artista no sólo aggiornó a Vuitton sino que le dio réditos millonarios (la línea de carteras y bolsos súper coloridos marcó un antes y un después). A Sprouse, por su parte, la alianza lo hizo trascender las fronteras del downtown neoyorquino y le dio la estabilidad financiera que no tenía. Cambió su vida. Y también su muerte, ocurrida en 2004. Es que, gracias a la magia del mundo fashion, la fórmula Jacobs + Vuitton sigue funcionando. “Hice lo que Stephen hubiera hecho”, declaró el ejecutivo en referencia al lanzamiento este año de una edición limitadísima de productos Vuitton con algunos de los elementos más conocidos de esta figura clave del arte urbano, el punk y el rock de los ’80. LV lanzó accesorios y prêt-à-porter con los graffiti flúo y las rosas de Sprouse, uno de los primeros artistas contemporáneos en hacer alianzas con grandes casas de moda, hoy una tendencia mundial.


Vuitton también se asoció con el japonés Takashi Murakami, un artista plástico contemporáneo famoso por sus creaciones de estilo manga o animé, y con el norteamericano Richard Prince. Pero, por supuesto, no son los únicos. Unas de las remeras de edición limitada con las que Lacoste celebró sus 75 años fueron diseñadas por el pintor Richard Philips y el ilustrador J.T. Wilcox. Meses atrás, Carolina Herrera hizo lo propio al lanzar una edición limitada de 212: Marisa Wigley, una diseñadora de joyas, y Leonard Ashcroft, artista de graffiti, intervinieron –entre muchos otros convocados– los frascos de la versión customizada de la fragancia.


Las alianzas también se hacen de este lado del mundo. Un par de años atrás, John Foos lanzó una edición limitada de zapatillas con el artista chaqueño Milo Lockett, conocido por sus dibujos naíf y expresionistas. Es conocida la alianza que unió al artista Clorindo Testa con el diseñador textil que creó Tramando, Martín Churba: la colección TestaChurba tuvo cincuenta prendas y un éxito increíble. Churba también se unió, en 2003, con Nicola Costantino: juntos hicieron una línea de ropa para estar en la intimidad del hogar. Para la casa Uma, Vanina Mizrahi, famosa diseñadora de alfombras, diseñó bolsos, carteras, sacos y zapatos. GAP, la icónica casa norteamericana, convocó a la artista argentina Fernanda Cohen –egresada de la School of Visual Arts, de NY–, para que le ilustrara una serie de remeras (cada una llevará, atrás, la firma y biografía de esta porteña.


Vicky Salías, coordinadora de la Oficina de Moda de Buenos Aires, apunta que estas alianzas no son permanentes sino que obedecen a lanzamientos puntuales y que tienen un fin: “Asociar características de uno y otro, revestir los atributos del otro. Estos cruces, cada vez más frecuentes, son una forma de darle un vuelco muy fuerte al siglo XXI, y producen un trabajo interdisciplinario y una sinergia increíbles”, enfatiza. “Lo que estas alianzas están haciendo es acercar el arte a través de la indumentaria. Pero no se trata de cualquier tipo de arte sino el que hacen los artistas contemporáneos y de carácter urbano”, explica Patricia Doria, diseñadora de indumentaria de la UBA y docente de la Universidad de Palermo. “Para el consumidor, que un artista haya operado en una prenda provoca mucha excitación. A un ítem que de por sí ya es estético, se le agrega una marca de autor”, analiza Diana Murad, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la carrera de Arte (UBA). “Por un lado, está el artista, que se ve atraído con esa especie de popularización de su obra. Por el otro, la empresa de moda, que lo contrata lo hace con una estrategia: llevar el arte en productos jóvenes –jeans, remeras, zapatillas–, para alcanzar un público joven”, agrega Murad.

TRAS LAS PISADAS DE WARHOL. Nacido en Liverpool, en 1971, Dave White empezó a ser reconocido mucho antes de egresar de la John Moores University, donde estudió bellas artes. Su técnica es trabajar al óleo y de la paleta prefiere los colores más llamativos. White no es un artista de los clásicos y sus obras, de trazos enérgicos, se inscriben dentro de lo que se considera arte pop expresionista contemporáneo. A pesar de tener una gran producción fue su serie Sneakers (zapatillas) la que lo catapultó a la fama. Así como los impresionistas pintaban las variaciones de un paisaje según el momento del día, White se puso a pintar todas y cada una de las variaciones que percibía en sus Nike. No faltó poco para que la marca de indumentaria deportiva nacida en Oregon –que también se ha asociado a artistas urbanos de vanguardia, tanto de Oriente y Occidente, tales como Futura 2000, Hiroshi Fujiwara, Krink y Kaws– le tocara la puerta y le propusiera una alianza estratégica que continúa al día de hoy. “Soy conocido por mi sneaker art, algo que nunca me propuse hacer. En realidad, las zapatillas son una de las tantas cosas que me gusta explorar”, afirma White, a quien los expertos y los medios no dudan en llamarlo como “el artista pop del siglo XXI”. Hace poco, tras haber exhibido sus óleos de las Air Force 1 en Kuala Lumpur, Miami, Barcelona y Nueva York, la prensa sentenció que White era “el Warhol de su generación”. Controvertido y visionario, Andy Warhol –ícono del arte pop– es el hombre que elevó a la categoría de arte a la botella de Coca-Cola o las sopas Campbell, objetos cotidianos y masivos.

Desde su búnker psicodélico, la Silver Factory, el hombre de pelo blanco erizado trabajó fusionando arte, música y fashion, una lección que fue seguida por muchos. Keith Haring (1958/1990), uno de los graffiteros más relevantes de los ’80, fue uno de ellos. Su herencia, dibujos casi abstractos y esquemáticos, pasaron recientemente a formar parte de una línea de Adidas. Otro seguidor de Warhol es Jean-Michel Basquiat, el popular artista del graffiti de New York de los ’80. Este 2009, y en el marco de un programa llamado Affili’Art, la marca deportiva Reebok lanzó una línea de zapatillas de edición limitada con sus diseños y el de otros artistas contemporáneos. Según los expertos, el producto de estas alianzas –desde Sprouse y Murakami para Vuitton hasta los TestaChurba– son dignas de un museo, una afirmación que tal vez se base en la filosofía misma de los ready-made de Marcel Duchamp. “Arte es todo lo que nos rodea día a día: es una remera, un par de zapatillas, un pantalón”, interpreta Salías.

ARTE EN EDICION LIMITADA. Dicen que, además de su pasión por las calaveras incrustadas con diamantes, las mariposas tropicales y los animales en formol, Damien Hirst tiene debilidad extrema por los Levi’s. Por eso, cuando el año pasado la histórica marca de denim le ofreció intervenir una línea exclusiva, este artista inglés aceptó sin titubear. Gracias a esta alianza, llamada Warhol Factory X Levi’s X Demian Hirst, Hirst –el artista vivo mejor pago del planeta–, volcó en los jeans 501, remeras y camperas sus más icónicas y polémicas creaciones: están ahí su calavera de For the love of God; los colores estridentes de Beautiful Axe; y Resurrection, la instalación que mezcla vidrio y un esqueleto. Padre de tres chicos y más rico que Mick Jagger o Elton John, Hirst también se dio el lujo de intervenir algunas producciones prototípicas de Warhol y mezclarlas con las suyas: un ejemplo es Five Death, la pintura de Warhol de 1963, a la que Hirst releyó con sus afamadas creaciones de puntos de colores (Capric Aldehyde, LSD, Opium y otras de la serie).


“Para entender la imaginería de estas colaboraciones es necesaria cierta competencia para su decodificación. Estos productos no son para cualquiera”, afirma Doria. Es que, a pesar de que muchos se instauren como masivos, estas prendas siguen siendo productos de lujo. “Apuntan a un determinado segmento de mercado. Son hechos casi a medida, pensados para los pocos: esos que pueden interpretar ciertas vanguardias. En este sentido, se acerca a la idea de customización”, continúa Doria. Aquí, la idea de línea o sublínea exclusiva, una tendencia cada vez más frecuente en el mercado, genera un efecto determinado en la psicología del consumo. “Es como si se dijera: ‘Tenemos un producto que, a pesar de parecer parecido a los demás, no lo es’. Tiene algo diferente: la firma en una etiqueta. Con esa prenda se porta un nombre; se viste de la mano del arte”, dice Murad. A los jeans de Hirst para Levi’s, considerados como ‘los más caros de la historia, no se los encuentra en cualquier parte sino en locales exclusivos, como en Barney’s. Demás está decir que la colección es limitada y, además, cada jean viene numerado. Como una obra de arte. “Aunque las asociaciones en el mundo de la moda son efímeras, porque quedan obsoletos a los pocos meses, lo interesante de estas asociaciones es que el arte se vuelve accesible al cuerpo humano. Es como ver al arte caminando”, dice Doria. O, en palabras de Damien Hirst, quien afirma no ver diferencia entre hacer una prenda de Levi’s o una instalación polémica: “Pienso que es alucinante que la gente pueda usar esta ropa. El arte que la gente puede usar es mucho mejor que el arte de los museos polvorientos, ¿no?”.
(Aparte que en los museos polvorientos no da dinero digo yo)


Lo importante es que si el arte se avino a la producción en serie, siempre deberá ser una serie limitadísima. La idea de que no se convierta en algo de la masa es prioritaria.
La verdad, no se si aplaudirlo o criticarlo al hecho, digo yo
Martha Alicia

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