De: Martha Alicia Ver contacto
Para: liedu@nalejandria.com
"El sistema republicano posee una sabia organización para evitar estos abusos: la división de poderes. Pero sabemos que la Justicia está infiltrada, que el Congreso opera bajo las reglas de la obediencia debida a la cúpula partidista, y que el Ejecutivo goza de demasiadas prebendas en un sistema excesivamente presidencialista. Todo está arreglado para que no se puedan tocar las estructuras, para brindar la apariencia de una democracia tras la cual se oculta, bastante mal, una abyecta tiranía"
Coincido con esta afirmación, pero me pregunto:
¿Los funcionarios que acceden -por elección o designación de algún poder superior con esa función- a los distintos cargos, de dónde salen si no es de las filas del Pueblo? ¿O es que cuando hay que ocupar cargos de funcionarios, llega una partida de seres de otro planeta?
Entonces, me parece que se llega a la función pública con la pura y exclusiva intención de qué... ¿de servir o de benefiarse económicamente todo lo posible para dos o tres generaciones de descendientes?...
Y el Pueblo, acusa como Catón cuando no desempeña ningún cargo pero luego si le toca termina actuando como aquello que criticaba...
Es una verdadero "engranaje"... como decía Jean Paul Sartre en su obra teatral.
El otro tema que me impactó es la perla que un colistero recogió del diario Clarín del 11/07/06. Si, como parece significar la interpretación obligada que debemos hacer de esas palabras, es la de que todo ya está "cocinado", se acentuará la incredulidad ya existente generada a partir de la imposición de la Ley Federal de Educación de triste recuerdo.
Creo que la respuesta de alguien como el docente, que nunca es escuchado, consiste en estos casos en la resistencia pasiva, una respuesta silente, como diría Rodolfo Kuch, pero que produce tremendos efectos en la educación de generaciones de ciudadanos.
Recuerdo cómo me ilusioné cuando escuché el primer discurso del actual presidente porque mencionó los resultados altamente positivos que dió el plan que formaba a las docentes que egresaban con el título de Maestra Normal Nacional. Pensé que, si bien vivíamos en otra época con la necesidad cierta de cambio que eso implica, por lo menos alguien tendría en cuenta seriamente la educación de la gente.
Encontrarnos ahora con que toda la movida sólo sirve para implementar una jugada gatopardista, puede llegar a ser letal para el sistema en su conjunto y echa por tierra con cualquier deseo de participación transformadora que pudiéramos tener los ciudadanos en general y los docentes en especial.
Para: liedu@nalejandria.com
"El sistema republicano posee una sabia organización para evitar estos abusos: la división de poderes. Pero sabemos que la Justicia está infiltrada, que el Congreso opera bajo las reglas de la obediencia debida a la cúpula partidista, y que el Ejecutivo goza de demasiadas prebendas en un sistema excesivamente presidencialista. Todo está arreglado para que no se puedan tocar las estructuras, para brindar la apariencia de una democracia tras la cual se oculta, bastante mal, una abyecta tiranía"
Coincido con esta afirmación, pero me pregunto:
¿Los funcionarios que acceden -por elección o designación de algún poder superior con esa función- a los distintos cargos, de dónde salen si no es de las filas del Pueblo? ¿O es que cuando hay que ocupar cargos de funcionarios, llega una partida de seres de otro planeta?
Entonces, me parece que se llega a la función pública con la pura y exclusiva intención de qué... ¿de servir o de benefiarse económicamente todo lo posible para dos o tres generaciones de descendientes?...
Y el Pueblo, acusa como Catón cuando no desempeña ningún cargo pero luego si le toca termina actuando como aquello que criticaba...
Es una verdadero "engranaje"... como decía Jean Paul Sartre en su obra teatral.
El otro tema que me impactó es la perla que un colistero recogió del diario Clarín del 11/07/06. Si, como parece significar la interpretación obligada que debemos hacer de esas palabras, es la de que todo ya está "cocinado", se acentuará la incredulidad ya existente generada a partir de la imposición de la Ley Federal de Educación de triste recuerdo.
Creo que la respuesta de alguien como el docente, que nunca es escuchado, consiste en estos casos en la resistencia pasiva, una respuesta silente, como diría Rodolfo Kuch, pero que produce tremendos efectos en la educación de generaciones de ciudadanos.
Recuerdo cómo me ilusioné cuando escuché el primer discurso del actual presidente porque mencionó los resultados altamente positivos que dió el plan que formaba a las docentes que egresaban con el título de Maestra Normal Nacional. Pensé que, si bien vivíamos en otra época con la necesidad cierta de cambio que eso implica, por lo menos alguien tendría en cuenta seriamente la educación de la gente.
Encontrarnos ahora con que toda la movida sólo sirve para implementar una jugada gatopardista, puede llegar a ser letal para el sistema en su conjunto y echa por tierra con cualquier deseo de participación transformadora que pudiéramos tener los ciudadanos en general y los docentes en especial.
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