Me limitaba a mirarla cuando de varias formas me decía que estaba loca. Llegó a la pensión hacía pocos días, me impactó su belleza. Con aspecto de chica buena del cine en blanco y negro. Estaba segura de que podría interpretar airosa el rol de esposa joven recién casada; también la hermana mayor que prolonga su noviazgo porque se hizo cargo de la hermanita y su padre viudo. En fin, no voy a negar que la joven ejerciera sobre mí una gran atracción. Fácil pensarlo pero difícil realizarlo. ¿Cómo decirle que me había enamorado de sus ojos expresivos; su cabello ensortijado, su cuerpo gentil y aniñado? ¿Cómo sería su reacción? La veía a la hora del almuerzo y era el momento más feliz del día. Eso me motivó a presentarme en el desayuno y más tarde a la hora de la cena. Me despedía con un: – ¡Hasta mañana! – mirándola solo a ella. Más adelante, me ani...
“El fin de la filosofía, como la religión y el arte, no es alejarse de lo público, de 'lo vulgar' hacia la zona de lo intelectual, lo exquisito, sino buscar en lo común, en lo compartido, en 'lo profano' el sentido de lo cotidiano.” Rodolfo Kusch.